A ti te entrego mi corazón quebrantado Señor, y te pido que cuides mis heridas, porque ya no puedo soportar mi angustia, te confío mi vida y espero tus decisiones, ¡cualquiera que sea tu voluntad la aceptaré!
¡Padre mío, muéstrame un buen camino, guíame con tus palabras, ilumíname con tu luz y no sueltes mi mano, porque sin ti me encuentro sin rumbo y sin vida!