El Señor Soberano me dio lengua erudita, para conocer la palabra que sostiene al exhausto. Me despierta mañana tras mañana, despierta mi oído para escuchar como a alguien a quien le están enseñando.
Planta tu semilla por la mañana, y ni siquiera por la tarde dejes tus manos ociosas, porque no sabes lo que sucederá, si ésta o aquella producirá, o si ambas serán igualmente buenas.