“Que el Señor te bendiga y te guarde; que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia; que el Señor alce sobre ti su rostro y te dé la paz”.
La posesión más útil de una persona no es una cabeza llena de conocimiento, sino un corazón lleno de amor con oídos dispuestos a escuchar y manos dispuestas a ayudar.