Dios es como un río que fluye por toda la creación. A veces, en momentos de abundancia, desborda con fuerza, renovando todo a su paso. En otras, durante las sequías de la vida, parece apenas un hilo de agua, pero nunca cesa. Este río divino alimenta las raíces de nuestra fe, incluso cuando no lo vemos en la superficie. Sus aguas curan heridas, sacian la sed del alma y fertilizan sueños que parecían muertos. Cuando nos sentimos perdidos en el desierto de la existencia, solo necesitamos cavar un poco más profundo para encontrar Su presencia fluyendo silenciosamente bajo nuestros pies, sosteniendo cada paso que damos.

Dios es como un río que fluye por toda la creación. A veces, en momentos de abundancia, desborda con fuerza, renovando todo a su paso. En otras, durante las sequías de la vida, parece apenas un hilo de agua, pero nunca cesa. Este río divino alimenta las raíces de nuestra fe, incluso cuando no lo vemos en la superficie. Sus aguas curan heridas, sacian la sed del alma y fertilizan sueños que parecían muertos. Cuando nos sentimos perdidos en el desierto de la existencia, solo necesitamos cavar un poco más profundo para encontrar Su presencia fluyendo silenciosamente bajo nuestros pies, sosteniendo cada paso que damos.

Anterior      Siguiente
Disponible en Google Play
Google Play y el logotipo de Google Play son marcas registradas de Google LLC.
Descargar en la App Store