Señor, hoy me acerco a ti en este último sábado de febrero, con el corazón abierto y el alma necesitada de tu presencia. Ha sido un mes largo, Señor, con momentos de alegría y también de cansancio. Pero aquí estoy, de pie, porque tu fuerza es la que me sostiene cada mañana. Te pido sabiduría para tomar las decisiones correctas en este nuevo mes que se acerca. Te pido paciencia cuando las cosas no salgan como espero. Te pido que guíes mis pasos, que ilumines mi camino cuando la oscuridad parezca cerrarse a mi alrededor. Señor, no quiero caminar solo, quiero caminar contigo. Recuérdame en los momentos de duda que tú nunca me sueltas de la mano. Que marzo llegue lleno de tu gracia, de tu paz y de tu amor. Gracias, Señor, porque siempre estás aquí. Amén.
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