El martes nace tranquilo, como un río que sigue su curso sin prisa por llegar. No necesitas correr tras el tiempo; basta con seguir el fluir del día co...

El martes nace tranquilo, como un río que sigue su curso sin prisa por llegar. No necesitas correr tras el tiempo; basta con seguir el fluir del día con el corazón abierto. Hay belleza en avanzar sin alboroto, confiando en que cada paso tiene su lugar. Dios camina a este ritmo manso, y en él el alma encuentra descanso.


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