Señor, hoy es sábado, siete de marzo de dos mil veintiséis, y mi corazón solo quiere decirte gracias. Gracias por amarme sin condición, por Tu gracia que llega nueva cada mañana, como dice Tu Palabra en Lamentaciones. Yo no merezco tanto amor, y aun así Tú me lo das libremente. Me siento a Tu lado hoy, Señor, y Te digo que a veces no entiendo Tu amor tan inmenso. Y en lo profundo escucho Tu voz tierna diciéndome: hijo, hija, no necesitas entenderlo, solo recíbelo. Yo te amé primero, antes de que me buscaras, antes de que me conocieras. Que este fin de semana sea un descanso verdadero en Tu amor. Que cada momento de hoy me recuerde que soy Tuyo, que Tu gracia es suficiente, y que nada en este mundo puede separarme de Ti. Amén.