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El martes nace tranquilo, como un río que sigue su curso sin prisa por llegar. No necesitas correr tras el tiempo; basta con seguir el fluir del día con el corazón abierto. Hay belleza en avanzar sin alboroto, confiando en que cada paso tiene su lugar. Dios camina a este ritmo manso, y en él el alma encuentra descanso.
Señor, hoy es sábado, siete de marzo de dos mil veintiséis, y mi corazón solo quiere decirte gracias. Gracias por amarme sin condición, por Tu gracia que llega nueva cada mañana, como dice Tu Palabra en Lamentaciones. Yo no merezco tanto amor, y aun así Tú me lo das libremente. Me siento a Tu lado hoy, Señor, y Te digo que a veces no entiendo Tu amor tan inmenso. Y en lo profundo escucho Tu voz tierna diciéndome: hijo, hija, no necesitas entenderlo, solo recíbelo. Yo te amé primero, antes de que me buscaras, antes de que me conocieras. Que este fin de semana sea un descanso verdadero en Tu amor. Que cada momento de hoy me recuerde que soy Tuyo, que Tu gracia es suficiente, y que nada en este mundo puede separarme de Ti. Amén.
El martes llega sin prisa, con la calma de quien ya sabe que la semana sigue su curso. Asómate a la ventana y mira cómo la luz regresa cada día, fiel, aunque a veces ni lo notemos. No tienes que conquistarlo todo hoy; basta con avanzar un poco más. Dios camina contigo en medio del trayecto, tomando tu mano en silencio, recordándote que cada paso tuyo tiene sentido. Ve con calma y confía en lo que está por venir. 20/10 Martes
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